¿Cómo enfrentar la crianza en cuarentena?

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La cuarentena puede ser muy estresante para las familias, en especial cuando tienen niños pequeños o en edad escolar nos comenta Margarita Sandoval Gutiérrez, Psicóloga y académica de Psicología de la Universidad San Sebastián. Algunas de las variables que aumentan el estrés son: la necesidad de movimiento de los niños, conflictos previos que empeoran con el encierro, el tamaño de inmueble versus el número de integrantes del clan familiar y si hay alguna persona enferma, hospitalizada o con riesgo vital, entre otros factores.

Además, por una parte, desde el colegio puede haber una recarga en tareas y guías de estudio y, por otra, algunos padres dan mucho valor a lo académico, aumentando la exigencia en el trabajo escolar. Lo primero que se debe considerar es que los padres no son profesores de sus hijos, por tanto, no tienen las herramientas pedagógicas para el proceso de enseñanza aprendizaje. Pueden apoyar en las tareas y desarrollar otras estrategias para estimular la motivación por aprender, pero no deben exigir a sus hijos -ni a sí mismos – mantener un ritmo de aprendizaje igual que el del colegio. Los niños también aprenden explorando y observando cosas cotidianas, por ejemplo, pueden crear objetos con materiales reciclados, plantar semillas y observar su germinación, hacer música, tomar el tiempo de ebullición del agua, preguntarse el porqué de las cosas: ¿por qué un huevo se pone duro al cocerlo? ¿por qué las cosas se caen al suelo?

El estrés familiar asociado al encierro puede expresarse en cambios de humor, irritabilidad; cambios en el estado emocional y funciones cognitivas como atención, concentración y memoria, y cambios en los ritmos de sueño y vigilia en los pequeños. Las recomendaciones van primero por identificar si estos cambios de humor y alteraciones son esporádicos, o si se van haciendo permanentes y se intensifican. Si es así, se recomienda consultar a un especialista.

También se aconseja ser flexibles respecto de las actividades escolares. Deben ser periodos cortos (máximo 45 minutos), en espacios tranquilos, una materia a la vez, en un par de lapsos durante el día. Nunca intentar igualar la jornada escolar en la casa.
Si hacer las tareas es otro factor de estrés en estas circunstancias, es decir, empeoran la relación padres-hijos, entonces, priorice la relación con sus hijos, mantenga sano el vínculo afectivo, por sobre el rendimiento escolar. Ya habrá tiempo para aprender los contenidos, pero el vínculo afectivo es más difícil de reparar después y deja efectos negativos a corto y largo plazo.

Otra idea para mantener el equilibrio en la familia es establecer límites claros, por ejemplo, si es posible, adaptar espacios físicos para que cada miembro de la familia pueda estar algunos momentos a solas. No es recomendable usar el dormitorio para trabajar, sino otras áreas de la casa, como el comedor en horarios adecuados. También es necesario establecer una rutina, que incluya levantarse, bañarse, mantener horarios de las comidas, intercalar horarios de trabajo con tiempos de ocio y de actividades que involucren movimiento físico, por ejemplo, bailar, saltar. Asimismo, se deben respetar las horas de sueño y limitar el uso de pantallas previo a la hora de dormir.

La resiliencia familiar consiste en la capacidad de la familia de salir fortalecida tras una crisis. Uno de los factores que se ha comprobado empíricamente que permite el desarrollo de resiliencia es tener actividades de juego, dinámicas en que se vean las caras, compartan la diversión y risas. Por ejemplo, juegos de mesa, bachillerato, adivinar películas, bailar, crear juegos con material reciclado, cocinar de manera entretenida. Si bien es importante el juego y la diversión, también es importante el tiempo de reposo, ocio y silencio.
Y lo más importante, el bienestar de los padres se refleja en relación con sus hijos, por eso cuídese, respire profundo, ármese de paciencia, respete los tiempos y los ritmos personales, pase tiempos cortos a solas y en otros comparta con ellos. Y, sobre todo, priorice el vínculo amoroso.

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